Donald Trump ha desatado una tormenta diplomática al acusar a España de ser un aliado poco fiable y poco amigable. El detonante fue la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a permitir que Estados Unidos use las bases de Rota y Morón en un ataque contra Irán. Esa decisión, amparada en acuerdos bilaterales que reconocen la soberanía española, ha irritado profundamente a la Casa Blanca.
Para aumentar la presión, Trump ordenó a su secretario del Tesoro “cortar todas las negociaciones” con España, sin precisar su alcance real. El mensaje, lanzado junto al canciller alemán Friedrich Merz, llega en plena escalada en Oriente Medio y divide aún más al bloque occidental. Mientras tanto, Madrid defiende su cautela y evita una implicación directa en el conflicto con Teherán.
Una relación bilateral en su punto más crítico
Las palabras del presidente estadounidense evocan tensiones no vistas desde la guerra de Irak, pero ahora con los roles invertidos. Washington reprocha además que España se niegue a elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, muy por encima de sus compromisos en la OTAN. La advertencia de que “España no tiene nada que nosotros queramos” simboliza una ruptura política con efectos aún imprevisibles. España, el “aliado terrible” que desafía a Trump se ha convertido en el epicentro del debate sobre soberanía, seguridad y lealtad entre socios.


